Lo primero que viene a nuestra mente cuando escuchamos “dieta” es RESTRICCIÓN, nos imaginamos a nosotros mismos muriendo de hambre, comiendo lechuga mientras el resto disfruta de un banquete. Y no podríamos estar más equivocados.

El problema con las dietas que te prohíben todo es que en algún momento dejarás la dieta, más temprano que tarde si la fuerza de voluntad te traiciona, y cuando eso pase, volverás a los mismos malos hábitos que te llevaron a ganar peso. Lo ideal no es “ponerte” a dieta sino mantener una dieta balanceada.

Come menos, pero come más veces.

Al sentirse privado de alimento, el cuerpo comienza a almacenar refuerzos (por si decides volverlo a matar de hambre). Así que en lugar de aprovechar lo que ingieres y desechar lo que no necesitas, lo vuelve grasa. Para evitarlo haz 5 comidas al día: desayuno, comida y cena con una colación entre cada una de ellas. Esto ayudará a acelerar tu metabolismo y aprovechar los nutrientes al máximo

Cuida tus porciones.

Estamos acostumbrados al amor de abuela, ese que entre más comida te da más te muestra cuanto te ama, pero ese es el camino rápido a los malos hábitos. Procura comer sólo lo necesario para sentirte satisfecho y consumir alimentos de cada grupo alimenticio.

Toma agua.

No se trata de inundarte, toma agua simple cada que sientas sed, y 2 vasos antes de cada alimento, eso no sólo te ayudará a tomar los 2 litros de agua que los doctores recomiendan consumir al día, también ayudará a que te sientas satisfecho con menos comida.

Ventajas y desventajas de beber agua