Cuando comienza a bajar la temperatura, incluso a las personas que se sienten motivadas a hacer ejercicio les cuesta trabajo cumplir con su programa. A muchos de nosotros nos puede resultar muy cómodo posponer el ejercicio. Sin embargo, es importante para conservar sano el corazón que continúes con tu rutina habitual de ejercicio durante los meses de frío.

Hacerlo reportará beneficios adicionales. En primer lugar, el ejercicio al aire libre es una excelente forma de curar la «depresión invernal». En segundo lugar, el ejercicio aumenta los niveles de energía, que tienden a ser menores durante épocas de tiempo frío o días oscuros. Por último, el ejercicio estimula el sistema inmunitario, por lo cual es posible que sufras menos resfriados invernales.

Continuar el programa habitual de ejercicio durante el invierno no significa que tengas que quedarte bajo techo. Con la ropa y la planificación adecuadas, puedes aprovechar al máximo el ejercicio durante el tiempo frío, incluso al aire libre.

Comienza gradualmente a ponerte en forma. Si has estado haciendo ejercicio y realizando actividades enérgicas, estarás listo para practicar deportes en invierno. Sin embargo, al igual que con cualquier programa de ejercicio, deberás comenzar a ponerse en forma varias semanas antes de salir de vacaciones.

Vístete en capas. Aunque vayas a estar al aire libre en medio del frío, no te vista con ropa demasiado abrigada. El ejercicio genera mucho calor. En cuanto reduzcas la intensidad del ejercicio y el sudor se comience a secar, te dará frío. Lo mejor es vestirse con capas de ropa que puedan quitarse apenas comiences a sudar y luego volver a ponérselas cuando se vaya enfriando. Además, evita la ropa de algodón, que absorbe el sudor y se mantiene húmeda. Las nuevas telas que absorben la humedad y la alejan del cuerpo son alternativas ideales para la primera capa, que está en contacto directo con la piel. Luego, una prenda hecha de materiales sintéticos que sirva de aislante térmico. La última capa debe ser de un material impermeable que permita el paso del aire.

Protege las manos y los pies. Cuando se sale al frío, la sangre se dirige hacia el centro del cuerpo. Eso significa que es más probable que se enfríen las manos y los pies. Ponte un par de guantes delgados debajo de unos guantes más gruesos. Además, procura que en tus zapatos de invierno quepan calcetines térmicos o dos pares de calcetines corrientes.

Abriga la cabeza. Lleva siempre una gorra o una banda protectora en la cabeza y el cuello, porque hasta un 50% del calor del cuerpo se pierde por la cabeza y el cuello.

Cubre la boca. Una bufanda o máscara permite calentar el aire antes de inhalarlo. Esto es particularmente útil si respirar aire frío te causa angina o si sufres a menudo de infecciones de las vías respiratorias altas.

Aplica protector solar. Puedes sufrir quemaduras de sol con la misma facilidad en el invierno que en el verano, especialmente si estás haciendo ejercicio en lugares de mucha altitud.

Usa el equipo adecuado. Usa ropa que refleje la luz si afuera está oscuro; lleva calzado adecuado.

Mantente hidratado. No olvides tomar mucha agua antes y después del ejercicio, así como durante el mismo. Uno puede deshidratarse tanto en el frío como en el calor.  No bebas jugos ni refrescos durante el ejercicio, porque estas bebidas contienen más de un 10% de carbohidratos (azúcar) y no se absorben bien durante el ejercicio. Si la sesión de ejercicio va a durar menos de una hora y media, da igual tomar bebidas deportivas o agua fría para mantenerse hidratado. Las bebidas deportivas por lo general contienen menos de un 8% de carbohidratos, pero si tomas demasiadas podría ingerir un exceso de calorías. Las bebidas deportivas reponen la sal y los minerales que se eliminan en el sudor, pero por lo general una alimentación saludable es suficiente para ese fin.

Con estos sencillos consejos podrás seguir tu rutina aun en estas épocas de frío.