La ansiedad (del latín anxietas, ‘angustia, aflicción’) es una respuesta de anticipación involuntaria del organismo frente a estímulos que pueden ser externos o internos, tales como pensamientos, ideas, imágenes, etc., que son percibidos por el individuo como amenazantes y peligrosos, y se acompaña de un sentimiento desagradable o de síntomas somáticos de tensión. Se trata de una señal de alerta que advierte sobre un peligro inminente y permite a la persona que adopte las medidas necesarias para enfrentarse a una amenaza.

Cuando la ansiedad se convierte en patológica, provoca malestar significativo, con síntomas que afectan tanto al plano físico como al conductual y psicológico:

Físicos

  • Vegetativos: sudoración, sequedad de boca, mareo, inestabilidad.
  • Neuromusculares: temblores, tensión muscular, cefaleas, parestesias.
  • Cardiovasculares: palpitaciones, taquicardias, dolor precordial.
  • Respiratorios: disnea.
  • Digestivos: náuseas, vómitos, dispepsia, diarrea, estreñimiento, aerofagia, meteorismo.

Psicológicos y conductuales

  • Aprensión, preocupación.
  • Sensación de agobio.
  • Miedo a perder el control, a volverse loco o sensación de muerte inminente.
  • Dificultad de concentración, sensación de pérdida de memoria.
  • Inquietud, irritabilidad, desasosiego.
  • Conductas de evitación de determinadas situaciones.

 

La ansiedad es una enfermedad bastante considerable por lo que si al leer este artículo notas que algunos sintomas te están pasando, no dudes en ir al medico y revisarte