La dermatitis atópica es una enfermedad de la piel que aparece en la cara y el cuerpo de bebés, niños y adultos. Se caracteriza porque las personas que la padecen sufren anomalías y lesiones en su piel.

Los dermatólogos aún no han encontrado cuál es el origen de la dermatitis atópica. No obstante, sí se sabe que existen una serie de factores que pueden influir en la aparición de esta enfermedad de la piel:

Genética: Las últimas investigaciones han demostrado que existe una relación entre el asma y la dermatitis atópica. Si cualquier de los padres tienen algun tipo de esta patología, las probabilidades de que su hijo tenga dermatitis atópica aumentan considerablemente.

Edad de la madre: Conforme mayor sea la madre en el momento de dar a luz, el riesgo de desarrollar dermatitis atópica aumenta. Además, las mujeres tienen más posibilidades de tenerla que los hombres.

Clima: Los ambientes fríos y las ciudades contaminadas incrementan las opciones de que una persona padezca dermatitis atópica.

Además, existen otros factores que también pueden actuar como desencadenantes de la enfermedad, como las alergias alimentarias, al polvo, el uso de tejidos como la lana y el nylon, fumar tabaco, el estrés, el insomnio o el sudor, entre otros.

En algunos casos la dermatitis atópica aparece en los primeros meses de vida. Los bebés pueden desarrollar lesiones rojas, exudativas y costrosas en la cara, el cuero cabelludo, en la zona de los pañales, en las manos, los brazos, los pies o las piernas. Por lo general, la dermatitis desaparece hacia los 3 o 4 años de edad, a pesar de que con frecuencia vuelve a manifestarse.

Los pacientes pueden presentar prurito muy intenso y prolongado, que produce con frecuencia trastornos emocionales, que algunos han interpretado erróneamente como la causa.

Las lesiones se distribuyen de manera característica, invadiendo cara, cuello y la parte superior del tronco. Así mismo ataca los pliegues de los codos y las rodillas.

Dado que no se conocen las causas específicas que provocan la aparición de la enfermedad, los especialistas tampoco han establecido las acciones que puede llevar el paciente para prevenir la dermatitis atópica.

Sin embargo, existen factores modificables, como dejar de fumar, cuidar el tipo de ropa que utiliza para vestir e intentar vivir en zonas no contaminadas y cálidas.

No existe cura para la dermatitis atópica. El tratamiento está dirigido a reducir la agresividad de las erupciones, aliviar al paciente y mejorar su calidad de vida.

En la actualidad, la base de la terapia tópica son los corticoides, que, si se utilizan bien pueden llegar a controlar adecuadamente la enfermedad en la mayoría de los casos.

La elección del corticoide dependerá del tipo de lesión y de la zona donde ha aparecido, por lo que es fundamental que el paciente consulte con su dermatólogo para que le asesore sobre el tratamiento que se adapta mejor a sus características individuales.

Además, en algunos casos los expertos pueden aconsejar una terapia sistémica que se basa en antihistamínicos orales, que tienen propiedades sedantes y junto con el tratamiento tópico puede ser de gran utilidad, especialmente si hay sobreinfección.

Antes de iniciar el tratamiento el paciente debe saber que la dermatitis atópica no es una alergia y que no se va a resolver por eliminar ciertos alimentos de su dieta.

Es fundamental que el paciente evite todas las circunstancias que provocan prurito, como el contacto con la lana o la sequedad ambiental.

Respecto a la higiene, los pacientes deben tener una buena higiene, aunque el exceso de agua y jabón es perjudicial. Ante esto, los expertos recomiendan las duchas y no los baños en tina, no utilizar agua especialmente caliente y con un gel de pH ácido. Tras la ducha puede aplicar una crema emoliente en todo el cuerpo.