En ocasiones los descubrimientos no planeados y de último minuto, resultan los mejores. Esta vez, el descubrimiento llegó mientras buscaba regalos navideños para la familia. Entre el trabajo, las obligaciones cotidianas, el infernal tránsito pre-navideño y la saturación de centros comerciales, conseguir tiempo para buscar regalos en época decembrina es un logro portentoso para cualquiera; más aún si eres un procrastinador profesional como yo y dejas todo para el final. 

Las salida rápida y segura – al menos en el caso de mi familia – es regalar libros, música o cine. Como buen evangelizador del cómic que soy (o deseo ser) decidí buscar en la librería buenos cómics que ayuden a engrosar las filas de conversos a la religión del arte secuencial. Con muy poco tiempo para buscar, mis ojos repasaban rápidamente los anaqueles cuando súbitamente un color rosa muy intenso llamó mi atención, pues destacaba entre los tonos predominantemente oscuros del resto de libros. Lo tomé y descubrí el título: “Gay Gigante. Una historia sobre el miedo”. Me lo llevé.

Gay Gigante es el seudónimo del autor chileno Gabriel Ebensperger, quien a través de esta autobiografía nos narra su camino hacia la aceptación propia. Además, como el título lo indica, también es una historia sobre el miedo: el miedo a uno mismo, a la búsqueda de una identidad propia, a la no pertenencia, a ser juzgado. Y eso es algo con lo que cualquiera puede identificarse. La incesante búsqueda del ser es un proceso humano universal. Cualquiera puede ser Gay Gigante.

Con un estilo muy ligero, con ironía, de manera honesta y sin contemplaciones, el autor expone su experiencia de vida frente a un mundo que le es adverso, y en el transcurrir de las páginas rosas (sí, las páginas del libro son rosas) no sólo presenciamos su crecimiento personal, también pone sobre la mesa temas que se tratan poco en otras obras, como el machismo dentro de la misma comunidad homosexual. Otra situación a destacar es que la obra no se intenta presentar como una historia totalitaria, ni ostenta ser una guía poseedora de la verdad absoluta o aleccionadora. El estilo siempre mantiene frente al lector a una persona común, con gustos propios, sueños, errores, aciertos, amor y adversidades como cualquier otro. Una experiencia de vida, sólo eso. Repito, cualquiera puede ser Gay Gigante, porque Gay Gigante es cualquiera de nosotros.

Estructuralmente encuentro algunos puntos flojos, como el uso un tanto excesivo de referencias a canciones y cultura pop. Al respecto debo decir que pertenezco a la misma generación que el autor (yo también fui adolescente MTV en los 90’s) y gracias a eso entendí la mayoría de referencias. Sin embargo, creo que la experiencia de lectura puede no ser la ideal si perteneces a otra generación o desconoces las referencias, aunque esto tampoco es un factor que vuelva incomprensible la obra. Los cambios en el ritmo narrativo y la estructura visual en general se sienten más cercanas al estilo de un Webcomic, con gags cortos y saltos en el hilo argumental que no siempre son ideales para un formato impreso. También me hubiera gustado que desarrollara más las vivencias y que profundizara en las opiniones expresadas, sacrificar algo de ligereza para ganar más sustancia.

Aunque no es la primera obra de su tipo, sí es una de las primeras en Latinoamérica. Agradezco al autor por compartir su historia y aplaudo a la editorial (Tusquets Editores) apostar por un libro así; no sólo por la temática, sino por un artista latinoamericano y emergente.

Al final de mi lectura decidí quedarme con el ejemplar. Pero prometo regresar a la librería, adquirir un par de copias más y regalarlos para continuar mi cruzada de evangelización comiquera.